Mooji

D8E26E2A-5B92-4D44-8D67-4A881FE08C8ERelaja sin flojera.

Enfoca sin tensión.

Percibe sin proyectar.

Atestigua sin juzgar.

Goza sin ansiar.

Reflexiona sin imaginar.

Ama sin condición.

Da sin demandar.

Recibe sin poseer.

Sirve sin egocentrismo.

Desafía sin dominar.

Medita sin identidad.

Corrige sin culpar.

Supera sin orgullo.

Ríe sin cinismo.

Llora sin piedad.

Enfrenta sin odio.

Guía sin superioridad.

Sé sin auto-definirte.

Vive sin arrogancia.

Entra sin auto-importancia.

Parte sin arrepentirte.

Sé uno con Dios.

~ Mooji

Conferencia “Mejora tus relaciones con el eneagrama” Nau Bostik, BCN

Hoy los maravillosos colaboradores de “Deixa la teva emprempta” me han regalado la edición en vídeo de la conferencia que di en marzo de 2019 en Nau Bostik. Se trata de una introducción al eneagrama con algunos consejos para el trabajo interior y la mejora de las relaciones. Os dejo aquí el enlace por si os apetece escucharme:

Las virtudes de los eneatipos

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Conocer el “sobrenombre” de cada eneatipo es fácil y frecuente. Empezando por el uno “el perfeccionista” o “el reformador”, el dos “el ayudador” o “el altruísta”, el tres “el triunfador” o “el exitoso”, el cuatro “el artista” o la mejor de las veces “el individualista”, el cinco “el investigador” o el “experto”, el seis “el leal” o menos popular “el miedoso”,  el siete “entusiasta” o “epicúreo”, el ocho “el lider” o “el jefe” y el nueve “pacificador” o “mediador”. Si os fijáis son características o atributos bastante positivos. Entran bien, son digeribles y comprensibles. Para personas que acaban de empezar a conocer el mapa del comportamiento que describe el eneagrama, este sistema de clasificación basado en adjetivos neutros o positivos es pedagógico y práctico, fácil de entender y de recordar. Incluso de caricaturizar.

Pero para descubrir todos los tesoros de esta potente y precisa herramienta hay que continuar avanzando y no quedarnos sólo con la parte más light de las personalidades, porque eso no se ajustaría a la realidad. Nuestro jefe no es un líder amable, nuestra suegra en su afán de ayudar se inmiscuye demasiado y nosotros mismos tenemos muchas cosas que mejorar que distan bastante del retrato idealizado. Para descubrir qué comportamientos deberíamos “pulirnos” concretamente, si somos suficientemente intrépidos, subimos al segundo escalón: el de las pasiones o pecados capitales de cada eneatipo.

Aquí ya se complica la cosa. Ya “no gusta” tanto. Ya no son adjetivos amables, ya sentimos que se hurga en nuestra herida lo suficiente como para hacernos sentir incómodos y con frecuencia al presentar los pecados capitales o pasiones dominantes se acaba la fiesta: muchas personas se desmotivan para seguir aprendiendo más sobre el eneagrama y no esperan a las buenas notícias, lo cual es una pena.

Al 1 no le gusta que le digan que su “pecado” es la ira y se retira antes de descubrir que su “virtud” es la paciencia. Lo opuesto.

Una aclaración antes de seguir con el resto de eneatipos: ¿Cómo se consigue alcanzar y atesorar justamente la virtud opuesta a nuestro “peor defecto”? Con luz. Con la autoconciencia que te brinda la sabiduría del eneagrama. Con auto observación. Con humildad para reconocer aquello que puede mejorarse de nosotros mismos. Y con un pico y una pala. Porque nadie dice que sea fácil. Hay que picar piedra. No se acuesta uno siendo un iracundo sin conciencia de su rabia interior y amanece uno después de leerse un libro del eneagrama totalmente iluminado y liberado de  la cruz  de la impaciencia para siempre. Hay que vigilarse. Cada día. Esas reacciones nos han acompañado toda la vida, no es sencillo librarse de ellas de un plumazo. Hay que entenderse, darse cuenta de nuestros automatismos y de qué situaciones nos hacen “reaccionar” y por qué. Es imprescindible identificar las características de nuestro ego. Trabajarse. Tomar responsabilidad de nosotros mismos. Porque el que se responsabiliza de sí, puede elegir comportarse diferente.

Sigamos con los pecados y virtudes del resto de eneatipos:

Al 2 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea el orgullo, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la humildad.

Al 3 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea la vanidad, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la autenticidad.

Al 4 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea la envidia, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la ecuanimidad.

Al 5 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea la avaricia, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la generosidad.

Al 6 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea el miedo, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la valentía.

Al 7 le da bastante igual su pecado capital sea la gula, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la moderación porque había quedado para cenar con unos amigos 😜.

Al 8 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea la lujuria, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la compasión.

Al 9 no le gusta ni disgusta que su pecado capital sea la pereza, se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la diligencia porque profundizar en el eneagrama es demasiado esfuerzo 😜.

Permitidme una gota de ironía, porque como bien apunta David Barba, otro de los ingredientes indispensables para hacer un buen uso de esta brújula es poseer un sano sentido del humor que nos permita reírnos de nosotros mismos para combatir más fácilmente al ego, tan proclive al autobombo.

Próximamente iré publicando posts dedicados a cada una de las virtudes. Con la ilusión de enganchar o reenganchar a aquellos que necesitan saber cuál es la meta antes que el camino. Por qué no.

 

Conoce el espíritu del Aloha

 El espíritu del “Aloha” de la islas Hawaii es fundamentalmente una filosofía de vida basada en el amor universal. Es una forma generosa y bondadosa de pensar, actuar y comportarse todo el tiempo con todo el mundo sin distinción, es una manera afectuosa de sentir y sobretodo de SER. La vibración sería muy determinada, la del amor infinito, sin condiciones, extensible por tanto a toda vida y criatura.

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Pocas palabras encierran tanta energía positiva en su significado. “Aloha” se utiliza para saludarse y expresar compasión, bondad, gracia o generosidad. Etimológicamente se compone de los términos “alo” que significa presencia o estar presente y “ha” aliento o inspiración divina. Por tanto, cuando saludamos a alguien diciendo “Aloha”, estamos dando la bienvenida y reconociendo en esa persona su esencia divina (alma, yo superior…).

 

No obstante es mucho más que un saludo, es una expresión de amor, de buenos deseos, desde la conciencia de unidad, de ayuda mutua, cooperación y solidaridad en  los que se fundamenta el pueblo hawaiano.

Practicar el espíritu del Aloha significa:

🏝 Ser capaz de unir antes que separar

🏝 Olvidar y perdonar ofensas

🏝 Recordar que todos somos uno

🏝 Aceptar y agradecer

🏝 Dar y recibir energía positiva

🏝 Compartir con alegría

🏝 Practicar actos de amor y belleza constantemente, conscientemente y        desinteresadamente

🏝 Existir en paz y armonía

🏝 Tener pensamientos bondadosos

🏝 Valorar, reconocer, admirar, apreciar y agradecer a los demás, a nosotros mismos y al mundo cada día de nuestra existencia.

Conectar con el espíritu del Aloha y compartir con los demás su energía ayuda a sintonizar con el poder divino, denominado por la cultura ancestral hawaiana como “mana”, poder que es necesario para alcanzar la máxima realización en cuerpo y alma.

 

Oscurecimiento óntico y Nasrudín

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“Se dice que el mulá Nasrudín estaba agachado buscando algo bajo la luz de un farol. Un amigo se sumó a él en la búsqueda de lo que -como le había aclarado el mulá- era la llave de su casa. Sólo tras largo rato de esfuerzo infructuoso, se le ocu­rrió al amigo preguntarle a Nasrudín: «¿Estás seguro de que la perdiste aquí?» A lo que éste respondió: «No, estoy seguro de que la perdí dentro de mi casa». «Entonces, ¿por qué la buscas aquí?», preguntó el amigo. «¡Es que aquí hay mucha más luz!», explicó el mulá.”

Las anécdotas del mulá de Idries Sah son pedagógicamente utilizadas por Claudio Naranjo en sus cursos, libros y conferencias porque de forma ligera y simpática, (Nasrudín es un híbrido entre sabio y tonto del pueblo), sirven de metáfora perfecta de potentes mensajes y enseñanzas.

En esta anécdota concretamente la idea central es la de que estamos buscando la «llave» en el lugar equivocado. Claudio pregunta ¿Cuál es la «llave» de nuestra liberación y de nuestra plenitud última? Encontrar o re-encontrar nuestro ser. Buscar dónde hay más luz equivaldría a buscar donde cuesta menos esfuerzo, pero esa no es la estrategia más adecuada.

La palabra óntico procede del griego ὄν, ὄντος, lo que es, el ser, ente, participio presente activo de εἶναι, ser. El “oscurecimiento óntico” al que siempre hace referencia C. Naranjo es la ceguera de nuestro auténtico ser. Y la inconsciencia de la inconsciencia. Estamos ciegos. Creemos que nos conocemos y nos engañamos sin saberlo. No nos damos cuenta de la errónea atribución del yo con el “Ego”. Ego siempre entendido como el falso self o personalidad ficticia con la que nos hemos identificado, la voz en off de ese personaje que nos habla en nombre de nuestra supuesta conciencia.

“Dondequiera que el «ser» parezca estar, no está, y el ser sólo puede hallarse de la forma más improbable: mediante la aceptación del no-ser y de un viaje a través del vacío.” Claudio Naranjo, Carácter y Neurosis

Yo os diría que un rato de vacío vale la pena, no hay nada como encontrar la llave de casa. Ni qué decir que el Eneagrama es el mejor mapa del tesoro.

El todo, la esencia, Dios

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Revelación a revelación he ido cultivando un sorprendente misticismo que varios lustros atrás era ateísmo puro. Del “cuando morimos no somos más que una mancha de aceite en la carretera”, pasando por el “no puedo argumentar a favor de la existencia de Dios ni tampoco en contra” me encuentro actualmente -por influencia de la parte espiritual del eneagrama- en la consideración del omnismo como una opción que se aproxima bastante a mi actual hipótesis.

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Omnismo: la creencia de que ninguna religión es verdad, pero que LA VERDAD se encuentra en todas ellas

Respeto profundamente las creencias de todas las personas. Y así como tomo seriamente en consideración las inclinaciones de los demás, de igual modo me gustaría poder expresar la mía sin que ofenda a nadie. Según mi propia versión del omnismo, en todo momento cuando cualquier doctrina o religión se ha referido a Dios, intencionalmente o no, ha estado hablando metafóricamente de la esencia del hombre y de la de todo lo que es.

Alcanzar la iluminación, bajo mi prisma es justamente eso: darnos cuenta de que la pureza, el amor, la bondad, la sabiduría, la misericordia o compasión, la lucidez, todos los atributos con los que se ha representado a la divinidad, no solo siempre han estado a nuestro alcance, sino que trabajándonos adecuadamente, librándonos del ego y sus engaños, tod@s podemos constatar y desarrollar esas cualidades.

Despertar, tal como yo lo definiría, además sería también comprender que formamos parte de un todo, experimentar la no-dualidad que propone el budismo, el Advaita, o el “como es arriba es abajo y como es adentro es afuera” que anuncia la filosofía hermética, desidentificándonos totalmente con nosotros mismos, para entrar en conexión cada vez más profunda y cristalina con algo, “eso” superior -en altura moral, en extensión infinita y eterna- al cual pertenecemos. Nada nuevo que no plantease ya el Panteísmo.

Pero añado que “el todo” me parece que se comporta como un “organismo” ominisciente, similar al monismo neutral de Spinoza (ni físico ni etéreo, las dos cosas) que se “autoregula”. (Un ejemplo: el karma equivaldría entonces los anticuerpos del “organismo” ante el virus de las acciones mal intencionadas).

En cualquier caso. El quid de la cuestión estriba en encontrar el camino para conectar con esa fuente o esencia, y alcanzar el despertar absoluto: la conciencia sin conciencia, el advertir que formamos parte indisoluble de la totalidad de lo que es. Es posible darnos cuenta de ese nexo sin necesidad de experiencias místicas ni estados alterados de conciencia. Limpiando nuestra mente, alcanzando la bondad de espíritu, meditando o asosegando nuestro pensamiento, haciendo buenas lecturas y calmadas reflexiones. Andando el cuarto camino para llegar a considerar que todo lo que existe, incluidos nosotros mismos, es sagrado.

Parafraseando el “todo es mente” de Hermes Trimegisto, y de nuevo con máximo respeto: Dios es mente. Porque Dios es todo. Y toda naturaleza de lo real es sacra, tangible o no, incluida nuestra mente (alma, espíritu, energía, “x”… Muchos se esfuerzan en definir y distinguir cada concepto pormenorizadamente. Yo veo solo palabras que tratan de referirse a la misma verdad: la esencia, lo incognoscible, lo indefinible).

Esta entrada daría para una tesis doctoral, pero solo pretendía compartiros una pincelada.  Tentada he estado de mencionar los principales filósofos que a lo largo de la historia han planteado hipótesis semejantes, desde Jenófanes (500 a.C.) “el uno es Dios” hasta Raimon Pannikar (1918-2010) “Dios es un símbolo de la realidad”. Pero supondría extenderme demasiado y estoy segura de que el que tenga curiosidad sabrá dónde saciar su sed.

Os dejo con el Dios creador de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Dice mi nene de  ocho años que “tiene forma de cerebro porque Dios es muy listo y muy sabio”. Gran verdad. No se puede resumir mejor. Preciosa muestra de lo mucho que sabemos por naturaleza, antes del “oscurecimiento óntico” (ver siguiente entrada).

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