Moldea tu cerebro 🧠

528EA88A-8546-49CC-8F2B-4BFB84047D3CSegún Mario Alonso Puig, cirujano, escritor, conferenciante, nuestro cerebro es de plastilina. Tras escucharlo varias horas en sus múltiples vídeos de YouTube y leer dos libros suyos, el último “El cociente agallas”, he adquirido nuevos y valiosos conocimientos que facilitan profundizar en la autoconciencia.

Por ejemplo: nuestros pensamientos positivos no sólo nos hacen sentir mejor y tienen demostrados beneficios en nuestra salud, cosa que ya sabíamos, sino que éstos inhiben los negativos. Cuando la zona del cerebro responsable del “optimismo” (la corteza prefrontal izquierda) se refuerza, porque la activamos con mayor frecuencia, crea nuevas sinápsis y aumenta de tamaño y a su vez la zona “pesimista” de nuestro cerebro (corteza prefrontal derecha) disminuye su tamaño y pierde fuerza y protagonismo.

Para mí esta constatación neurobiológica ha sido el equivalente a conseguir el respaldo científico irrefutable a uno de mis cuentos recurrentes favoritos, el del lobo blanco y el lobo negro:

“Un joven Cherokee corre hacia su abuelo. Acaban de cometer una injusticia hacia él y está lleno de ira y enfado. El viejo guerrero, sentado a la orilla de un arroyo, le dice … déjame contarte una historia,….
– Yo también , a veces, he sentido un gran odio por los que han tomado tanto sin ningún pesar por lo que hacen. Pero el odio te desgasta, y no le hace daño a tu enemigo. Es como tomar tu el veneno deseando que tu enemigo muera. He luchado contra estos sentimientos muchas veces. Es como si tuviera dos lobos dentro de mi.

Dentro de cada uno de nosotros está ocurriendo una pelea, una pelea terrible entre esos dos lobos y la misma pelea está ocurriendo dentro de ti también. Uno es blanco y el otro es negro. Uno está lleno de rabia y lucha contra todos incesantemente.  Es la ira, la envidia, la tristeza, el pesar, la avaricia, la arrogancia, la autocompasión, la culpa, el resentimiento, el sentimiento de inferioridad, la mentira, el falso orgullo, la superioridad y el ego.

El otro lobo es bueno y no hace ningún daño a nadie. Vive en armonía con todo lo que le rodea y no se ofende cuando no hubo intención de ofensa. Es la alegría, la paz, el amor, la esperanza, la serenidad, la humildad, la bondad, la benevolencia, la empatía, la generosidad, la verdad, la compasión y la fe. A veces es difícil vivir con estos dos lobos dentro de mí, pues los dos tratan de dominar mi espíritu.
Tras meditarlo un minuto, el muchacho mira intensamente a los ojos de su abuelo y le pregunta:
-“¿Que lobo ganará? “
El viejo Cherokee, sonrie y responde,… “Aquel al que alimentes”.
A500A279-04D8-4CAB-9AF9-750A16816D78

El todo, la esencia, Dios

EDEE05F9-7013-43DD-98EA-02D98AB89B71

Revelación a revelación he ido cultivando un sorprendente misticismo que varios lustros atrás era ateísmo puro. Del “cuando morimos no somos más que una mancha de aceite en la carretera”, pasando por el “no puedo argumentar a favor de la existencia de Dios ni tampoco en contra” me encuentro actualmente -por influencia de la parte espiritual del eneagrama- en la consideración del omnismo como una opción que se aproxima bastante a mi actual hipótesis.

ACE7E8B2-1E1C-4944-B8FA-42FA15C9DE1A

Omnismo: la creencia de que ninguna religión es verdad, pero que LA VERDAD se encuentra en todas ellas

Respeto profundamente las creencias de todas las personas. Y así como tomo seriamente en consideración las inclinaciones de los demás, de igual modo me gustaría poder expresar la mía sin que ofenda a nadie. Según mi propia versión del omnismo, en todo momento cuando cualquier doctrina o religión se ha referido a Dios, intencionalmente o no, ha estado hablando metafóricamente de la esencia del hombre y de la de todo lo que es.

Alcanzar la iluminación, bajo mi prisma es justamente eso: darnos cuenta de que la pureza, el amor, la bondad, la sabiduría, la misericordia o compasión, la lucidez, todos los atributos con los que se ha representado a la divinidad, no solo siempre han estado a nuestro alcance, sino que trabajándonos adecuadamente, librándonos del ego y sus engaños, tod@s podemos constatar y desarrollar esas cualidades.

Despertar, tal como yo lo definiría, además sería también comprender que formamos parte de un todo, experimentar la no-dualidad que propone el budismo, el Advaita, o el “como es arriba es abajo y como es adentro es afuera” que anuncia la filosofía hermética, desidentificándonos totalmente con nosotros mismos, para entrar en conexión cada vez más profunda y cristalina con algo, “eso” superior -en altura moral, en extensión infinita y eterna- al cual pertenecemos. Nada nuevo que no plantease ya el Panteísmo.

Pero añado que “el todo” me parece que se comporta como un “organismo” ominisciente, similar al monismo neutral de Spinoza (ni físico ni etéreo, las dos cosas) que se “autoregula”. (Un ejemplo: el karma equivaldría entonces los anticuerpos del “organismo” ante el virus de las acciones mal intencionadas).

En cualquier caso. El quid de la cuestión estriba en encontrar el camino para conectar con esa fuente o esencia, y alcanzar el despertar absoluto: la conciencia sin conciencia, el advertir que formamos parte indisoluble de la totalidad de lo que es. Es posible darnos cuenta de ese nexo sin necesidad de experiencias místicas ni estados alterados de conciencia. Limpiando nuestra mente, alcanzando la bondad de espíritu, meditando o asosegando nuestro pensamiento, haciendo buenas lecturas y calmadas reflexiones. Andando el cuarto camino para llegar a considerar que todo lo que existe, incluidos nosotros mismos, es sagrado.

Parafraseando el “todo es mente” de Hermes Trimegisto, y de nuevo con máximo respeto: Dios es mente. Porque Dios es todo. Y toda naturaleza de lo real es sacra, tangible o no, incluida nuestra mente (alma, espíritu, energía, “x”… Muchos se esfuerzan en definir y distinguir cada concepto pormenorizadamente. Yo veo solo palabras que tratan de referirse a la misma verdad: la esencia, lo incognoscible, lo indefinible).

Esta entrada daría para una tesis doctoral, pero solo pretendía compartiros una pincelada.  Tentada he estado de mencionar los principales filósofos que a lo largo de la historia han planteado hipótesis semejantes, desde Jenófanes (500 a.C.) “el uno es Dios” hasta Raimon Pannikar (1918-2010) “Dios es un símbolo de la realidad”. Pero supondría extenderme demasiado y estoy segura de que el que tenga curiosidad sabrá dónde saciar su sed.

Os dejo con el Dios creador de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Dice mi nene de  ocho años que “tiene forma de cerebro porque Dios es muy listo y muy sabio”. Gran verdad. No se puede resumir mejor. Preciosa muestra de lo mucho que sabemos por naturaleza, antes del “oscurecimiento óntico” (ver siguiente entrada).

84A64255-47E2-48EB-B68A-57061C635480