El sutra del diamante 💎

En la British Library de Londres se encuentra el libro impreso más antiguo del mundo. Data del año 868 d.C, el El sutra del diamante.

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Los estudiantes del eneagrama somos en cierto modo Bodhisattvas: Bodhi “supremo conocimiento, iluminación”, y sattva “ser”, así pues somos seres en busca de la iluminación.

Sutras son los discursos dados por Buda.

Versión abreviada del Sutra del diamante 💎:

1. Esto es lo que he oído:
En cierta ocasión, Buda estaba en el retiro de Anathapindika en el bosque de Jeta, cerca de la ciudad de Sravasti, en una reunión de 1250 monjes. Después de vestirse, hacer la ronda de las limosnas por la ciudad e ingerir su única comida diaria, se sentó junto a los monjes.
2. El monje Subhuti se inclinó ante Buda y le hizo una pegunta: “¿Qué debería tener en cuenta alguien que quisiera seguir el camino del Bodhisattva?”
3. Buda respondió: “Un Bodhisattva debe tener en cuenta lo siguiente: todas las criaturas, tanto si provienen de un útero como de un huevo, tanto si se transforman como mariposas o aparecen milagrosamente, tanto si tienen un cuerpo como si son meros espíritus, tanto si son capaces de pensar como si no lo son: ¡a todas estas criaturas debe ayudar a entrar en el Nirvana antes que a sí mismo!
“Pero, ten en cuenta, Subhuti, que en realidad no existe algo parecido a un “yo” que ayuda, ni tampoco algo parecido a otro “yo” que recibe ayuda. ¡Un Bodhisattva que no es capaz de reconocer esta realidad no es un verdadero Bodhisattva!
4. “Un verdadero Bodhisattva no obtiene placer de este acto de compasión y no se interesa por las apariencias. Él tan solo ayuda a los demás desinteresadamente.
“¿Puedes medir el Este, el Oeste, el Norte y el Sur, Subhuti?” “No, Señor.”
“Pues tampoco puedes medir el mérito de alguien capaz de ayudar a los demás sin pensar en sí mismo.”
5. “¡Subhuti! ¿Puede alguien reconocer a un Buda en base a sus características físicas?”
“No, Señor. Tú nos has enseñado que ser un Buda no depende de características físicas.”
“Así pues, alguien que se preocupe por las apariencias jamás reconocerá a un Buda, pero alguien que no se preocupe por ellas quizá sí pueda.”
6. Subhuti preguntó: “Señor, ¿habrá siempre gente que entienda tu mensaje?”
Buda respondió: “¡No lo dudes, Subhuti! Siempre habrá gente que, habiendo escuchado el mensaje, aceptará sus preceptos y practicará nuestro camino. ¡Nuestro mensaje llegará a la gente simplemente porque es verdadero! Llegará un momento en que la mayoría ni siquiera necesitarán las palabras, sino que estarán más allá de ellas. Todos debemos esforzarnos en ir más allá de las palabras, porque uno puede sentir apego por ellas, y no debemos sentir apego por nada. Debes comprender que mis palabras son como una balsa que se emplea para cruzar un río. Cuando su utilidad ha sido satisfecha, debe ser dejada atrás si queremos llegar más lejos.
7. “Así que dime, Subhuti. ¿He enseñado mi lección final?”
“No, Señor. La lección final no es algo que pueda ser enseñado, porque la lección final no es una cosa que se pueda agarrar o estrechar.”
8. Buda dijo: “Dime, Subhuti. Si alguien se desprende de un universo lleno de tesoros para ayudar a los demás, ¿tendrá esto algún mérito?”
“Sí, Señor. Su mérito será grande. Pero tú también nos has enseñado que, para que este acto de generosidad sea genuino, debe haber sido hecho sin pensar en obtener mérito alguno. De hecho, ¡este hombre no debería haber pensado en sí mismo lo más mínimo!
Buda dijo: “Entonces, si alguien comprende y comparte con otro cuatro frases de mi mensaje, su generosidad será incluso mayor. Él no está simplemente dando una cosa, ¡está ayudando a crear futuros Budas!”
9. “Dime, Subhuti. ¿Alguien que está empezando a comprender mi mensaje se diría a sí mismo: ‘He conseguido algo grande’?”
“No, Señor. Decir algo así implicaría que el principiante no comprende que no existe ningún ego que pueda arrogarse ningún mérito.”
“¿Y alguien que esté muy avanzado en la comprensión de mi mensaje se diría a sí mismo: ‘He conseguido algo grande’?”
“No, Señor. Alguien que dijera algo así, estaría también diciendo que existe un ego que alcanza algo, y que existe algo que alcanzar. Éstos no son los pensamientos de alguien que entiende tu mensaje.
“Señor, tú has dicho que he logrado alcanzar la paz y me he liberado de las pasiones. De hecho, ya no anhelo tener el estatus de un santo. Si lo hiciera, estoy seguro de que tú no pensarías tan bien de mí.”

10. “Subhuti, si yo te dijera, ‘los Bodhisattvas adornan los cielos’, ¿estaría en lo cierto?” “No, Señor, los adornos son ilusiones, y las ilusiones no tienen lugar en los cielos.”
“Y, por tanto, los Bodhisattvas tienen que liberar su mente del ego, y dejar de preferir un olor u otro, un sonido u otro, una vista a otra. Un Bodhisattva no debe sentir deseo o aversión por nada.”
Buda preguntó: “Subhuti, si un hombre tiene un cuerpo tan grande como una montaña, ¿es un gran hombre?”
“No, Señor. Porque un “gran hombre” son sólo palabras, y ser un gran hombre es tan solo una ilusión, originada por la creencia en el ego.”

13. Entonces Subhuti le preguntó a Buda, “Señor, ¿cómo llamaremos a este sermón?”
Buda respondió: “Llámalo ‘El Sutra del Diamante del Entendimiento Perfecto’. Como un filo de diamante, puede cortar todo tipo de ilusiones.”

14. Tras esto, Subhuti tuvo una conciencia plena del significado del sermón y comenzó a llorar. “Señor, gracias por este sermón. Cualquier ser que con una mente pura lo escuche y lo entienda será conmovido por él. Dentro de cientos de años su claridad seguirá siendo apreciada.”

32. “Subhuti, si alguien se desprendiera de tesoros suficientes como para llenar un universo, no tendría tanto mérito como alguien que comprendiera y compartiera unas pocas líneas de este sermón.
“Por lo tanto, ¿qué debería tener en cuenta alguien que comenzara a seguir el camino del Bodhisattva?
Como una estrella fugaz, como una burbuja en un torrente, como una llama al viento, como la escarcha bajo el sol, como un destello de luz o un sueño fugaz, así debemos entender el mundo del ego.”
Subhuti y el resto de los monjes se llenaron de gozo al escuchar el sermón de Buda.

Las virtudes de los eneatipos

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Conocer el “sobrenombre” de cada eneatipo es fácil y frecuente. Empezando por el uno “el perfeccionista” o “el reformador”, el dos “el ayudador” o “el altruísta”, el tres “el triunfador” o “el exitoso”, el cuatro “el artista” o la mejor de las veces “el individualista”, el cinco “el investigador” o el “experto”, el seis “el leal” o menos popular “el miedoso”,  el siete “entusiasta” o “epicúreo”, el ocho “el lider” o “el jefe” y el nueve “pacificador” o “mediador”. Si os fijáis son características o atributos bastante positivos. Entran bien, son digeribles y comprensibles. Para personas que acaban de empezar a conocer el mapa del comportamiento que describe el eneagrama, este sistema de clasificación basado en adjetivos neutros o positivos es pedagógico y práctico, fácil de entender y de recordar. Incluso de caricaturizar.

Pero para descubrir todos los tesoros de esta potente y precisa herramienta hay que continuar avanzando y no quedarnos sólo con la parte más light de las personalidades, porque eso no se ajustaría a la realidad. Nuestro jefe no es un líder amable, nuestra suegra en su afán de ayudar se inmiscuye demasiado y nosotros mismos tenemos muchas cosas que mejorar que distan bastante del retrato idealizado. Para descubrir qué comportamientos deberíamos “pulirnos” concretamente, si somos suficientemente intrépidos, subimos al segundo escalón: el de las pasiones o pecados capitales de cada eneatipo.

Aquí ya se complica la cosa. Ya “no gusta” tanto. Ya no son adjetivos amables, ya sentimos que se hurga en nuestra herida lo suficiente como para hacernos sentir incómodos y con frecuencia al presentar los pecados capitales o pasiones dominantes se acaba la fiesta: muchas personas se desmotivan para seguir aprendiendo más sobre el eneagrama y no esperan a las buenas notícias, lo cual es una pena.

Al 1 no le gusta que le digan que su “pecado” es la ira y se retira antes de descubrir que su “virtud” es la paciencia. Lo opuesto.

Una aclaración antes de seguir con el resto de eneatipos: ¿Cómo se consigue alcanzar y atesorar justamente la virtud opuesta a nuestro “peor defecto”? Con luz. Con la autoconciencia que te brinda la sabiduría del eneagrama. Con auto observación. Con humildad para reconocer aquello que puede mejorarse de nosotros mismos. Y con un pico y una pala. Porque nadie dice que sea fácil. Hay que picar piedra. No se acuesta uno siendo un iracundo sin conciencia de su rabia interior y amanece uno después de leerse un libro del eneagrama totalmente iluminado y liberado de  la cruz  de la impaciencia para siempre. Hay que vigilarse. Cada día. Esas reacciones nos han acompañado toda la vida, no es sencillo librarse de ellas de un plumazo. Hay que entenderse, darse cuenta de nuestros automatismos y de qué situaciones nos hacen “reaccionar” y por qué. Es imprescindible identificar las características de nuestro ego. Trabajarse. Tomar responsabilidad de nosotros mismos. Porque el que se responsabiliza de sí, puede elegir comportarse diferente.

Sigamos con los pecados y virtudes del resto de eneatipos:

Al 2 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea el orgullo, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la humildad.

Al 3 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea la vanidad, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la autenticidad.

Al 4 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea la envidia, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la ecuanimidad.

Al 5 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea la avaricia, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la generosidad.

Al 6 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea el miedo, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la valentía.

Al 7 le da bastante igual su pecado capital sea la gula, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la moderación porque había quedado para cenar con unos amigos 😜.

Al 8 no le gusta (ni reconoce) que su pecado capital sea la lujuria, y se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la compasión.

Al 9 no le gusta ni disgusta que su pecado capital sea la pereza, se retira antes de saber que su virtud (si se trabaja) es la diligencia porque profundizar en el eneagrama es demasiado esfuerzo 😜.

Permitidme una gota de ironía, porque como bien apunta David Barba, otro de los ingredientes indispensables para hacer un buen uso de esta brújula es poseer un sano sentido del humor que nos permita reírnos de nosotros mismos para combatir más fácilmente al ego, tan proclive al autobombo.

Próximamente iré publicando posts dedicados a cada una de las virtudes. Con la ilusión de enganchar o reenganchar a aquellos que necesitan saber cuál es la meta antes que el camino. Por qué no.

 

Conoce el espíritu del Aloha

 El espíritu del “Aloha” de la islas Hawaii es fundamentalmente una filosofía de vida basada en el amor universal. Es una forma generosa y bondadosa de pensar, actuar y comportarse todo el tiempo con todo el mundo sin distinción, es una manera afectuosa de sentir y sobretodo de SER. La vibración sería muy determinada, la del amor infinito, sin condiciones, extensible por tanto a toda vida y criatura.

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Pocas palabras encierran tanta energía positiva en su significado. “Aloha” se utiliza para saludarse y expresar compasión, bondad, gracia o generosidad. Etimológicamente se compone de los términos “alo” que significa presencia o estar presente y “ha” aliento o inspiración divina. Por tanto, cuando saludamos a alguien diciendo “Aloha”, estamos dando la bienvenida y reconociendo en esa persona su esencia divina (alma, yo superior…).

 

No obstante es mucho más que un saludo, es una expresión de amor, de buenos deseos, desde la conciencia de unidad, de ayuda mutua, cooperación y solidaridad en  los que se fundamenta el pueblo hawaiano.

Practicar el espíritu del Aloha significa:

🏝 Ser capaz de unir antes que separar

🏝 Olvidar y perdonar ofensas

🏝 Recordar que todos somos uno

🏝 Aceptar y agradecer

🏝 Dar y recibir energía positiva

🏝 Compartir con alegría

🏝 Practicar actos de amor y belleza constantemente, conscientemente y        desinteresadamente

🏝 Existir en paz y armonía

🏝 Tener pensamientos bondadosos

🏝 Valorar, reconocer, admirar, apreciar y agradecer a los demás, a nosotros mismos y al mundo cada día de nuestra existencia.

Conectar con el espíritu del Aloha y compartir con los demás su energía ayuda a sintonizar con el poder divino, denominado por la cultura ancestral hawaiana como “mana”, poder que es necesario para alcanzar la máxima realización en cuerpo y alma.